-Desayuno a las 8:00
Nueva escala: Charlottetown, capital de la Isla del Príncipe Eduardo.
Como os comentamos más atrás, teníamos el desayuno en la franja de 8:00 a 8:30 y nos lo trajeron a las 7:40. Lo típico.
-Desembarco con lanchas
En este puerto fue donde nos hubiese tocado hacer la excursión en kajak, pero como nos la cancelaron pues no cogimos ninguna, así que bajamos en lanchas por nuestra cuenta al pueblo. Además, la excursión que había era para visitar el pueblo de “Ana de las tejas verdes”, que es por lo que es conocida esta isla, y no nos apetecía nada aguantar a la petarda esa (Alberto: yo más me pido).
-Pateada por el pueblo
Nos pegamos una pateada importante. Las casas eran una pasada, ninguna era igual a la que tenía a su lado, allí cada uno se hace la casa como quiere.
Un dato a tener en cuenta es el tamaño considerable de los cuervos. Ahora entendemos el por que en las películas de miedo americanas se les tiene tanto miedo, semejantes bichos.
Esta vez sí que pudimos saciar nuestra ansia de perdernos en un bosque de Canadá, no era muy grande, pero suficiente para darnos ese gusto.
Halloween estaba cerca (lástima que no coincidimos con la fecha, me hubiese gustado) así que ya se podía empezar a ver decoraciones para la fiesta, en los porches de las casas, los jardines, los escaparates de las tiendas…



-Friki moment
Entramos en una tienda de comics y Alberto se compró varios que todavía no han salido aquí. La dependienta era muy maja, aunque en Canadá toda la gente es extremadamente amable.
-Comer mejillones y variado de pescados
A la hora de comer, fuimos a un restaurante que estaba junto al puerto que nos había recomendado Ana, pero fue imposible entrar. Estuvimos 15 minutos en una cola que no se movía, así que nos dimos por vencidos y nos fuimos a buscar otro sitio.
Encontramos un restaurante que nos gustó la pinta, comimos mejillones al vapor (casi como los gallegos, porque también son del atlántico) y variados de pescado con patatas fritas.
Remarcar el pedazo de trozo de cacho de tarta y el cubo de café con leche (todo tamaño americano).

-Quiz de ópera
A la tarde fuimos a un quiz (trivial) sobre ópera, presentado por el tenor Alberto Jelmoni. Hacían una pregunta y él interpretaba un trocito de la ópera en cuestión. Salimos del quiz escondiéndonos avergonzados, de 10 pregunta sólo acertamos 3, qué bochorno.
-Partida en máquina de disco
Volvimos a jugar a nuestro vicio de la máquina de disco en la sala recreativa. Que es curioso, estaba justo al lado de la capilla.
-Espectáculo
El espectáculo de esa noche fue bastante regulero (salvando dos espectáculos de todo el crucero, todos fueron así). Fue de canciones varias y baile: Michael Jackson, Spice Girls, Queen, Kylie Minogue, Cher… lo que podía haber sido aquello…
-Cocktail de luna de miel con el capitán
Ese día, antes de la cena, a los recién casados y segundas nupcias nos habían invitado a un cocktail con el capitán, quien nos hizo renovar los votos, vamos que nos casó por segunda vez el buen hombre. Por si ya nos habíamos arrepentido…
Dato destacable: En este pueblo fue donde me dí cuenta del detalle que coincidía en todo Canadá: los coches respetan enormemente a los peatones, incluso aunque estés a 2 metros del paso de cebra ¡se paran! Algunas veces pasaba hasta pena y cogía a Alberto y lo alejaba del paso si estábamos parados mirando el mapa para no hacer parar a la gente. Y otro detalle es que la gente en general era muy amable, si te ven parado mirando un mapa enseguida se acercan para preguntarte si necesitas ayuda, una pasada vamos.
En cambio, estos detalles en USA no los vimos, los coches son como aquí, a su bola y si te tienes que esperar para cruzar pues te esperas, y en cuanto a la gente, pues hay de todo, gente borde y gente amable (como aquel policía en NY, que majo).
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