-Facturación de una hora y pico en Madrid
A las 8 de la mañana salía nuestro primer avión desde Madrid hacía París. Y sin exagerar, estuvimos más de una hora en la cola de facturación esperando, no sabemos qué problemas tenían, pero fue horrible. Y eso que llegamos antes de las 6 de la mañana.
Cuando nos dieron la tarjeta de embarque, también venía el vuelo París-Montreal, y resulta que los asientos que nos habían proporcionado para ese vuelo (el más largo) estaban separados. Le preguntamos si nos los podían cambiar, pero nos dijo que no, que si eso en París pidiésemos que nos los cambiaran.
-Control exhaustivo en el aeropuerto de París
Llegamos a París a las 10:30, dimos un montón de vueltas hasta saber por donde teníamos que ir hasta que encontramos el lugar. Por lo menos pasamos 5 controles de seguridad hasta la nueva puerta de embarque y el control fue exhaustivo. Aparte de sacar el portátil que llevábamos, nos hicieron sacar hasta el cable del cargador del portátil!! Y una vez pasada la cinta, nos hicieron pasar a un mostrador donde un tío nos registró de nuevo el portátil y su maletín.
-Viaje separados
Por fin, después de toda la odisea, llegamos a la puerta de embarque y nos sentamos a esperar. El vuelo salía a las 13:30, comimos algo y a seguir esperando. Finalmente, el viaje lo hicimos separados, no hubo suerte, así que el primer viaje largo, recién casaditos y uno sentado detrás del otro. Alberto con unos ingleses y yo con unos franceses. El problema era que los grupos de asientos eran impares (de tres) y preguntamos a ver si había posibilidad de cambiarnos con alguien, pero todo eran parejas o números pares.
-Pantallas táctiles individuales
Por lo menos el vuelo fue algo ameno, gracias a las pantallas táctiles individuales que cada asiento tenía. Había juegos, series, videoclips, música y películas. Eso sí, en latino. Es curioso ver a Sid de Ice Age 3 llamando Manito a Manny...
-Comida del avión regulera
Llegó la hora de la comida (o merienda, o cena, o algo) y nos dieron un menú para elegir el segundo entre pollo y ternera. Por supuesto, nosotros somos de pollo. La verdad es que la comida dejaba mucho que desear, pero bueno.
-Paliza autobús Montreal-Quebec
Por fin llegamos a Montreal a las 15:00 de la tarde (aunque para nosotros eran las 21:00), pero aún nos esperaban, según calculábamos nosotros, unas 2 horas de autobús hasta Quebec, el puerto de salida del crucero.
Empezamos este trayecto con una ilusión e inquietud increíble, viendo los primeros paisajes de Canadá, edificios emblemáticos de Montreal (aunque sea desde el bus), pero fue a partir de las 2 horas y media de viaje cuando nos dio el bajón y solo queríamos dormir. Encima hacía 1 hora que había oscurecido y empezado a llover, por lo que apenas se veía nada por los cristales del bus.
Fue en el autobús donde Alberto cambió la hora de su reloj y puso la hora local, dejando yo el mío con la hora española.
Os tuvimos controlados en todo momento





-Odisea excursiones
Llegamos al barco. Justo en la entrada del barco nos encontramos con Ana, la coordinadora de habla hispana, una chica catalana la mar de maja, y hablar con alguien en español se agradecía muchísimo entre tanto idioma (francés, italiano, inglés,…). Nos fuimos al camarote, ojeamos un poco todo y nos encontramos con un papelito de nuestras excursiones, diciéndonos que debíamos pasar por la oficina de excursiones.
Aquí empezó la primera odisea del crucero.
Resulta que nosotros habíamos reservados todas las excursiones desde internet casi un mes antes del viaje, incluso recibimos un correo confirmándolas y diciendo que no teníamos la necesidad de pasar por la oficina, que ya estaría todo hecho. Bien, pues la primera en la frente: a hacer cola entre todo el barullo que había en la oficina. Hay que tener en cuenta que al ser el primer día estaba todo el mundo reservándolas para no quedarse sin plazas, así que aquello era un caos, la gente se colaba que daba gusto. Entre lo cansados que estábamos y las ganas que teníamos de acabar con todo el tema excursiones estuvimos apunto de sacar el lanzallamas.
Total, que llegó nuestro turno y la segunda en la frente: nos habían cancelado un montón de excursiones (sólo nos dejaron 2 de 11) de las que teníamos reservadas y es cuando piensas con cara de tonto “¿Y para qué reservo yo??”. Nos habían cancelado casi las mejores: una era en kajak, otra a una mina de carbón, otra era al pueblo de Salem (con lo que me gustan a mi las brujas y la ilusión que tenía de ir). Esta última resulta que es que no había excursión en castellano, así que preguntamos en qué idiomas había, ya que si fuese inglés o italiano pues no nos importaba; pues no, sólo quedaba en Alemán...
-Día interminable, 24 horas despiertos.
Así que nada, tuvimos que reservar nuevas excursiones, incluso había algunas que no aparecían en internet cuando las reservamos (como por ejemplo la de Nueva York). Pues nada, le preguntamos a la chica que a qué hora salía al día siguiente nuestra primera excursión en Quebec y nos dijo que a las 13:30. Después de esto por fin salimos de aquel barullo.
-Odio a los franceses
La conclusión que hemos sacado de este crucero, es que odiamos a los franceses (Alberto: yo más me pido), la gente más maleducada que nos hemos echado a la cara. Se colaban todo el tiempo, gritaban,…
-Cena rápida
El turno de cena que nos habían asignado era el de las 21:30. Llegamos a la mesa como por arte de magia (magia vudú, porque estábamos zombis) y no sé ni cómo pudimos cenar. Teníamos que aguantarnos la cabeza para que no se nos cayese sobre la mesa. ¡¡Llevábamos más de 24 horas despiertos!!
-Bendita cama
Cuando llegamos al camarote ni nos lo podíamos creer, nos dejamos caer en la cama y así hasta el día siguiente.
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